Encefalomielitis Miálgica. Causa Desconocida. Sin Cura. Nueva esperanza

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MYALGIAC ENCEPHALOMYELITIS (Encefalomielitis Miálgica)

Causa Desconocida. Sin Cura. Nueva esperanza

Por Lilly Collins
Artículo publicado en ASBMBTODAY

http://www.asbmb.org/asbmbtoday/201803/Feature/ME/

Traducido por: Paloma Zorrilla García, colaboradora voluntaria

Lizzie Mooney tiene 12 años. Ella es alta para su edad y tiene el pelo rubio, también le encanta llevar pijamas y sudaderas de los Chicago Bears. Es divertida siempre jugando juegos y molestando a sus hermanos. Lizzie sobresale en lectura y matemáticas y pasa su tiempo dibujando y viendo programas de ciencia en la televisión con sus padres, pero es difícil para ella bajar las escaleras hasta el salón. No puede ir a la escuela y realmente solo sale de casa una vez a la semana, puesto que lleva tres años enferma.
El gobierno estima que entre 1 y 2,5 millones de americanos tienen la misma enfermedad que Lizzie: Enfalomielitis Miálgica o EM. Pese a estos alarmantes números probablemente nunca hayas oído hablar de esta enfermedad, lo que habrás oído por el contrario es lo que se conoce como Síndrome de la Fatiga Crónica o SFC. Este eufemismo reproduce en nuestras cabezas la imagen de alguien que simplemente no quiere levantarse de la cama.

Lizzie padece EM, su salud ha disminuido en estos tres años hasta el punto de que casi no puede salir de casa ni comer en la mesa con su familia.

Para muchos pacientes de EM, salir de la cama puede ser el mayor logro de la semana o del mes. Alrededor del 25% de los pacientes están encerrados en sus casas con habitaciones oscuras y silenciando cualquier ruido. Los cuerpos de estos pacientes son muy sensibles a cualquier tipo de estimulación; llegando a sufrir problemas de gastroenteritis, insomnio, dolores crónicos y las marcas principales de esta enfermedad: disfunción cognitiva y malestar post-esfuerzo. Muchos pacientes describen este malestar como un choque (‘crash’), algo que provoca que un corto paseo agrave los otros síntomas, forzando en consecuencia a los pacientes a permanecer en cama por semanas o meses para recuperarse puesto que nunca sabes cuánto durara el dolor. Imagina que tuvieras que decidir entre ducharte o preparar la comida como tu única actividad de la semana, tras conocer esto hay muchos estudios que reflejan los bajos resultados en calidad de vida que presentan estos pacientes más bajos que los de otros pacientes que sufren cáncer o enfermedades cardiacas.
Y pese a esto los fondos federales para la investigación del EM siguen siendo una fracción de lo que se dedica a estas otras enfermedades. De hecho siguen siendo menores que lo que el gobierno de EEUU se gasta en alergias o dolores de cabeza. Por ejemplo los fondos para la esclerosis múltiple son 12 veces mayores pero una estimación nos muestra que 400.000 pacientes en EEUU sufren esclerosis, menos de la mitad de los que sufren EM de acuerdo a los estudios más conservadores.
Cuando Lizzie enfermó, su madre Amy, la llevó al médico de cabecera el cual la diagnostico con mononucleosis, Lizzie pasó los siguientes cuatro meses en la cama. Amy la llevo a todo tipo de médicos: expertos en enfermedades infecciosas, reumatólogos, neurólogos… pero nadie la diagnosticaba correctamente.
“El momento más doloroso fue cuando un experto en enfermedades infecciosas me llevó al pasillo, y me dijo, Enhorabuena. Sus análisis de sangre son completamente normales, nada está mal en ella, mientras que en la habitación le preguntaban a Lizzie si tenían una relación familiar sana, si abusaban de ella o si sus padres iban a divorciarse”, relataba la madre de Lizzie.
“El pediatra escribió una nota al colegio notificándoles que Lizzie estaba bien y que podía retomar sus estudios”, dijo Amy, “los niños con cáncer también van al colegio”
En realidad, Lizzie no ha podido ir al colegio desde que tenía nueve años, estudia en casa con un tutor privado cuando puede.

Lizzie baja las escaleras para asistir a su clase matutina. Inmediatamente después o en el medio de estas muchas veces debe retirarse a descansar a su dormitorio.

Durante décadas, la búsqueda de marcadores patógenos de EM salen vacios y a la enfermedad se le atribuyen causas psicológicas. Estigmas, escepticismo y fondos limitados han alimentado un circulo vicioso que ha dejado un gran hueco en la investigación de EM, pero los avances en nuestra comprensión del microbioma intestinal, la inmunidad mediada por células, la disfunción mitocondrial y docenas de otras variables pueden abrir la puerta a nuevos descubrimientos y tratamientos de esta enfermedad.

Mientras la existencia de EM ya no es controvertida, entre la comunidad de EM, la recaudación de fondos lo es. En años recientes, institutos nacionales de la salud han gastado entre 5 y 8 millones de dólares al año en investigación. En 2017, el NIH subvencionó con 7 millones la primera colaboración de cuatro centros para la investigación en esta enfermedad pero algunos defensores dicen que el gobierno debería dedicar una cantidad 50 veces mayor para obtener resultados eficaces.

 

¿PASOS EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?

Entre los defensores esta la periodista Hillary Johnson, quien sostiene que varios billones sería una cantidad más apropiada. Johnson ha pasado casi una década entre 1980 y 1990 investigando la desconcertante falta de interés en el EM por parte de las instituciones gubernamentales tales como: el NIH o el centro de control de enfermedades. Ella compiló sus descubrimientos en un libro, “Osler’s Web”.

En su libro, Johnson relata como en los 80 el CDC enterró activamente la investigación y la recaudación de dinero para el EM. Ella también señala a Stephen Strauss, un investigador sénior en el laboratorio clínico de investigación en el NIAID (Instituto Nacional de las Enfermedades Infecciosas y Alergia) desde 1991 a 1999, como el principal villano. Straus publicó una serie de estudios sobre el EM, en los cuales la identificaba como una enfermedad psicológica, este hombre llegó a convertirse en director del Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa y cuando murió en 2007, todavía fue laureado por sus colegas del NIH por sus descubrimientos y avances en la investigación de la fatiga crónica.

Profesores Hanson y Grimson examinando un cartucho que contiene ADN, en el secuenciador de alto rendimiento de la Universidad de Cornell, utilizado para la investigación EM / SFC.

Joseph Breen es el actual director de la sección de inmunoregulación de la División de Alergias, Inmunología y  Trasplantes del NIAID. “Afortunadamente, las perspectivas sobre la enfermedad han cambiado”, decía Breen. “Ahora los investigadores tienen herramientas para explorar las posibles etiologías del EM/SFC y los próximos estudios deberían ser muy reveladores, especialmente aquellos con grandes cohortes, iniciados en un momento temprano, justo después del inicio de la enfermedad y con un seguimiento longitudinal.

El anuncio del NIH en septiembre de cuatro grandes subvenciones habiendo dado en total mas de 7 millones de dólares en el año fiscal de 2017, y continuando durante los próximos cinco años, significa un gran paso hacia el reconocimiento oficial del EM. El nuevo NIH garantiza que ayudará a tres investigaciones conjuntas y coordinando la recolección de información para la investigación sobre el EM. Una de las investigaciones será realizada por los investigadores de la universidad de Cornell dirigidos por la principal investigadora de la asociación americana de bioquímica y biología molecular, Maureen Hanson. En 2016, un estudio del laboratorio de Hanson descubrió que los microbiomas de pacientes con EM tienen una diversidad microbiana significativamente menor y una mayor incidencia de especies porinflamatorias que los controles sanos.

El trabajo de Hanson también se ramifica hacia el metabolismo de ácidos grasos y lípidos. Su laboratorio publicó un estudio en 2017 en el cual se encontraron importantes alteraciones en numerosas rutas del metabolismo de ácidos grasos y aminoácidos. Los niveles de energía relacionada con metabolitos, como ATP y ADP, eran significativamente más bajos en pacientes de EM. Acetylcamosine y taurine, importantes para el tejido muscular, eran también menos abundantes.

Hanson y sus colegas de Cornell usarán la subvención para estudiar el malestar post-esfuerzo utilizando neuroimagen, metabolómica y secuenciación de ARN de células individuales. Los investigadores tomarán muestras de sangre antes y después de que los participantes en el estudio monten en bicicletas estáticas en dos días consecutivos. Para determinar porque los pacientes de EM normalmente no pueden replicar sus actuaciones iniciales, los investigadores buscaran marcadores en sus muestras de sangre.

El papel específico que Hanson desarrollará en este proyecto será estudiar vesículas extracelulares, las cuales transportan materiales entre células. En personas sanas el ejercicio provoca la liberación de estas vesículas que pueden incrementar los efectos beneficiosos de la actividad física, “Este va a ser un importante estudio puesto que nadie ha publicado estudios sobre este tema hasta el momento en relación con EM”, decía Hanson. Si los pacientes pueden caer en severos PEM después de actividades básicas, ¿cómo va a poder el equipo de Hanson encontrar pacientes de EM que quieran ejercitarse durante dos días seguidos?

Poco se sabe de cómo la enfermedad afecta a los sistemas del cuerpo de Lizzie, pero la enfermedad le impide relacionarse con sus compañeros o viajar con su familia.

“Aunque si es verdad que el ejercicio puede provocar una recaída, no tenemos noticias de que ningún paciente no se haya recuperado, sino nunca lo haríamos”, dijo Hanson cuando la preguntaron por los test. De hecho, alguno de estos pacientes pide volver para obtener la documentación de discapacidad requerida, ya que es la forma más objetiva para poder hacerlo puesto que es muy difícil para ellos convencer a las aseguradoras o a la seguridad social de que están realmente discapacitados.

El registro médico de EE.UU y los códigos de facturación de los seguros todavía clasifican el EM como fatiga crónica, como un síntoma más que una enfermedad. Incluso con el diagnostico, las compañías de seguro no cubren las recetas medicas de Lizzie o los suplementos que ella necesita, que cuestan más de 1000 dólares mensuales a la familia Mooney. Un estudio estima que los pacientes de EM pagan 8.675 dólares de media al año por los tratamientos y que el coste directo para el sistema sanitario estadounidense para todos los pacientes llegaría a un máximo de 7 billones de dólares.

 

UN MISTERIO DE 8 DÉCADAS

Momentos claves de la historia del EM

  • 1934: El primer caso observado de EM fue formalmente registrado como un brote de poliomielitis entre los empleados del Hospital General del Condado de los Ángeles.
  • 1956: La Lanceta recomienda la denominación “Encefalomielitis Miálgica benigna” para describir un brote en Londres, los pacientes presentaban síntomas neurológicos, mialgia y un número de otros síntomas relacionados con una infección.
  • 1969: La OMS clasifica esta enfermedad por primera vez como “Encefalomielitis Miálgica benigna”, registrándola como un desorden neurológico.
  • 1970: Dos psiquiatras en Gran Bretaña registraron 15 brotes en pacientes con síntomas similares y dedujeron que los resultados se debían a la histeria puesto que no había síntomas físicos de la enfermedad.
  • 1978: Un simposium internacional realizado en la Sociedad Real de Medicina eliminó el termino benigno, puesto que no se relacionaba con los síntomas expresados por los pacientes
  • 1984: Los casos registrados en los Estados Unidos son esporádicos hasta que Los Ángeles Times informó de un brote en la costa del lago Tahoe. Antes del informe, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades enviaron a dos epidemiólogos para que investigaran una enfermedad severa similar a la gripe con síntomas persistentes. Los epidemiólogos regresaron con las manos vacías pocos días después.
  • 1988: La CDC nombró a la enfermedad que ahora es conocida como EM, “síndrome de fatiga crónica”.
  • 1989: 2 estudios británicos atribuyen la EM a un desorden psicológico y una falta de ejercicioauto-perpetuada, esta es una tendencia seguida por investigadores psicológicos y psiquiátricos.
  • 1990: El CDC recibió más de 2.000 llamadas al mes por parte del público pidiendo información sobre un tipo de gripe que no se termina de curar, de acuerdo con la periodista Hillary Johnson.
  • 1991: Investigadores del Instituto Wistar de Filadelfia propusieron que el agente causante de esto era un retrovirus HTLV en un ensayo publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias. Pero un estudio de seguimiento por parte del CDC falló al intentar replicar los resultados.
  • 1991: Stephen Straus, miembro del Instituto Nacional de la Salud, publicó un estudio estableciendo la EM como una enfermedad psicológica y compartió sus descubrimientos en charlas científicas alrededor del mundo. Pero se negó a respetar el Acta de Libertad de Información cuando la reportera Johnson pidió ver los datos del estudio. También rechazó revelar la información relativa t a cómo se había gastado los fondos para la investigación de la enfermedad.
  • 1996: Hillary Johnson publica su libro, “Osler’s Web”, sobre su investigación de 9 años en la comunidad de pacientes con EM/SFC. Ella alega que muchos estudios han sido frenados y mal financiados.
  • 1996: El Congreso pide que la Dirección General de Contabilidad y el Departemento de Salud y Servicios Humanos investiguen las afirmaciones realizadas en “Osler’s Web”. Ambas investigaciones verifican los contenidos del
  • 1999: El grupo de trabajo del EM/SFC se establece en el NIH.
  • 2009: Un artículo publicado en Science describe un vínculo entre el virus de la leucemia murina XMRV y la EM. Este estudio no pudo replicarse y se eliminó en 2011.
  • 2011: El ensayo PACE informa en The Lancet que la terapia cognitivo-conductual y la terapia de ejercicio gradual pueden beneficiar a los pacientes con EM. Los pacientes se oponen a esta metodología y a los resultados obtenidos, organizaron una petición y solicitaron la publicación de datos anónimos.
  • 2015: David Tuller publica una extensa crítica metodológica de los resultados del ensayo PACE.
  • 2016: Análisis independientes de los datos del ensayo PACE por parte de bioestadistas americanos en colaboración con los pacientes fallaron en respaldar las conclusiones de este estudio.
  • 2016: Defensores y pacientes de todo el país se organizan bajo el hashtag #MillionsMissing para pedir un incremento en los fondos de investigación para esta enfermedad. Los que están lo suficientemente bien como para asistir hablan sobre cómo la enfermedad les ha afectado, cuelgan fotos de los pacientes que están confinados en sus casas y ponen pares de zapatos para representar a los pacientes que están demasiado enfermos para unirse. Las manifestaciones se expanden por 25 ciudades de todo el mundo en mayo de 2017.
  • 2017: Se estrena el documental “Unrest”, relatando la vida de su productora Jennifer Brea, una paciente con EM.
  • 2017: El NIH anuncia la concesión de 4 subvenciones por total de 7 millones de dólares para establecer centros de investigación sobre EM.
  • 2018: Si las estimaciones son correctas 8 de cada 1.000 americanos sufren EM. Hillary Johnson se refería a la enfermedad en los 80 y 90’s como una epidemia, mientras que ahora la llama una enfermedad endémica.
Lizzie yace en el sofá, la recuperación completa es muy poco frecuente y los síntomas persisten de por vida.

También bajo la subvención dada por el NIH, los investigadores dirigidos por Dikoma Shungu en la Facultad de Medicina Weill Cornell realizarán una de las primeras pruebas de neuroimagen en pacientes con EM que sufren PEM. Los otros dos centros de investigación del NIH incluyen un equipo de la Universidad de Columbia, que buscarán agentes microbianos y evidencia de  respuestas inmunes a microbios, y otro equipo del laboratorio Jackson en Farmington, Connecticut, que estudiaran como interactúan el sistema inmunitario, el microbioma y el metabolismo.

El Instituto Research Triangle en Carolina del Norte albergará el centro de recogida de datos, incorporando datos de los tres centros en una sola base de datos para la estandarización y provisión de herramientas para su procesamiento y análisis.

“Este es un paso muy importante del NIH”, dijo Hanson, pero necesitamos más centros y estudios individuales sobre la carga que la enfermedad representa y sobre el número de personas que se encuentran enfermas, para esto el dinero dedicado a la investigación es inadecuado”.

Breen dijo que espera que los investigadores se sientan incentivados por el mayor compromiso de los NIH con la investigación en EM sea completa y que continúen solicitando más fondos.

“El grupo de trabajo del NIH sobre EM funciona como un equipo y estamos justo iniciando el programa del Centro de Investigación Colaborativa EM/SFC” dijo, en los próximos cinco años, esperamos crecer en la comunidad consiguiendo una red de centros que estudien este enfermedad y que inicien pequeños proyectos de investigación”.

MILLONES DESAPARECIDOS

Rivka Solomon, 55, ha tenido EM durante 28 años. Cuando la llamaron para una entrevista telefónica no contestó, aunque parecía deseosa de hablar cuando intercambiaban emails para preparar la entrevista. Nos llamó 25 minutos más tarde.

“Cognitivamente… yo recuerdo vuestra llamada, pero después se me ha olvidado”, nos dijo. “Veis esto es lo que pasa, en los días malos mi cerebro no trabaja bien ni tampoco mi cuerpo. Durante una recaída puedo tardar 45 minutos en levantarme y subir las escaleras puesto que tengo que descansar entre cada escalón”.

Cuando Solomon tenía 21 años, ella y sus dos compañeras de piso tuvieron mononucleosis al mismo tiempo, sus amigas mejoraros pero Solomon estuvo enferma durante un año. Después pasó por un periodo de siete años al que se refiere como una relativa recuperación antes de caer enferma otra vez. Ahora vive en Massachusetts y trabaja desde casa como escritora y defensora del EM, cuando tiene energía.

Solomon representa a la mayoría de pacientes u defensores de EM cuando dice que el dinero que la EM recibe -incluso con las nuevas subvenciones- es demasiado bajo.

La periodista Hillary Johnson compara EM con el VIH/SIDA, para el que la financiación aumentó drásticamente, “una vez se dieron cuenta de que podía transmitirse”. Muchos médicos e investigadores a los que Johnson entrevistó para su libro “Olser’s Web”en los 80 y 90 creían que la EM era contagiosa, con una causa infecciosa. En lugares concretos en todo el mundo, los médicos comenzaron a ver grupos de pacientes con fatiga incapacitante y problemas neurológicos.

Ahora, el VIH/SIDA recibe alrededor de 3 billones al año por parte del NIH para investigación biomédica sobre tratamiento, cura y co-morbilidades y co-infecciones. Se estima que 1.1 millón de americanos tienen VIH, la financiación adecuada ha llevado a medicamentos que permite a los pacientes llevar vidas semi-normales. La EM no está cerca de tener una terapia farmacológica y los pacientes están atrapados en cuerpos que no pueden realizar las mínimas tareas.

En 2018 todavía no se ha encontrado una causa -infecciosa o de otro tipo- pese a los miles de artículos científicos que han encontrado anormalidades biológicas en pacientes con EM.

Aunque ahora existen nuevas tecnologías y financiación, Solomon cree que la razón real por la cual la EM no ha sido aclarada es que el gobierno federal no ha financiado la investigación de la enfermedad en proporción a la envergadura de la misma. Esta falta de financiación no ha promovido que nuevos investigadores estudien la EM y ha propagado la idea de que es una enfermedad psicológica y no física, dice Solomon. Un estudio con alta visibilidad ha promocionado la teoría psicológica de la EM.

El controvertido estudio británico, conocido como el ensayo PACE, fue publicado en 2011, hace ocho años. Los resultados de un experimento de 8 millones de dólares fueron similares a otros estudios sobre la EM de los años 80. Los investigadores del PACE afirmaron que los pacientes con EM tenían una creencia falsa sobre la enfermedad, haciéndoles reticentes a la práctica de ejercicio o a llevar una vida normal y sana, perpetuando la percepción de estar enfermos. Los pacientes podían recuperarse de esta falsa creencia, decían los investigadores, a través de terapia de ejercicio graduado y la terapia cognitivo-conductual para ayudarles a que se dieran cuenta de que no estaban enfermos de verdad.

Un programa de ejercicios de 8 semanas empeoró la salud de Lizzie Mooney hasta tal punto que la llevo a estar postrada en cama. Amy Mooney menciona a otra paciente joven que intentaba con su programa de ejercicios reducir sus dolores estomacales y abandonar su silla de ruedas. El ejercicio empeoró mucho más su enfermedad.

El ensayo PACE fue duramente criticado en 2015. David Tuller, un miembro sénior del departamento de salud pública y periodismo de la Universidad de California, Facultad de Salud Publica de Berkeley, señaló importantes problemas en el estudio que incluían vínculos con las compañías de seguros de discapacidad, un sistema de puntuación de referencia que calificaba a los pacientes como suficientemente enfermos para el estudio pero lo suficientemente sanos como para recuperarse al mismo tiempo, y un boletín de testimonios de pacientes publicado a mediados del estudio que alegaba contra los beneficios de la terapia. “Puede haber entre 17 y 20 millones de nosotros o mas alrededor del mundo, decía Solomon, y todavía piensan que nos lo estamos inventando”.

MILLONES NECESARIOS

Defensores como Linda Tannenbaum están preocupados por el hecho de que algunos investigadores relevantes en el campo de la EM no están siendo financiados por el NIH. En 2006, la hija de Tannenbaum cayó enfermera con un brote-repentino de EM.

Tannenbaum que vive en Agoura Hills, California, había trabajado en un laboratorio clínico por más de 23 años y tenía su propio laboratorio médico, pero nunca había oído hablar de la EM. “Nos dijeron que padecía algo conocido como síndrome de fatiga crónico y que no había nada que hacer más allá del control del dolor”, dijo.

Tannenbaum trató de encontrar una cura y en 2012 formó la Fundación de Medicina Abierta (OMF ‘Open Medicine Foundation’). Desde entonces ha recaudado más de 13 millones de dólares, la mayoría proce3dentes de una comunidad de pacientes no muy ricos. Un filántropo anónimo del Pineapple Found dio 5 millones a esta fundación a principios de febrero.

“Esta enfermedad es real, como lo enfatizan el calibre de los investigadores que trabajan juntos en este tema, dice Tannenbaum, quien ha ayudado a reunir un equipo de investigadores que colaboran de manera global sobre esta enfermedad”.

Los 15 miembros que componen el consejo asesor científico de la OMF incluye tres Premios Nobel y seis miembros de la Academia Nacional de Ciencias. Hanson, de Cornell, es una de las integrantes, pero su investigación en EM no está financiada por esta organización.

HECHOS DE LA ENCEFALOMIELITIS MIALGICA

  • Muchos pacientes señalan que nunca se recuperaron de una enfermedad parecida a la gripe, un virus, fiebre u otra enfermedad infecciosa.
  • Deben mostrar síntomas durante un mínimo de 6 meses antes de ser diagnosticados con EM.
  • Más de tres cuartas partes de los pacientes pasan más de un año buscando un diagnostico; el 29% más de 5 años.
  • La EM afecta por igual a jóvenes y adultos; el 75% de los pacientes adultos son mujeres.
  • Aunque se ha observado que la EM aparece tras sufrir una mononucleosis infecciosa y ha sido calificada de manera incorrecta como mononucleosis crónica, no hay evidencia de que al EM sea una forma de mononucleosis.
  • Los niños experimentan síntomas diferentes sobretodo sarpullidos y dolores abdominales.
  • En un estudio la EM fue la causa principal de la ausencia prolongada de niños y personal en las escuelas británicas.
  • Todavía no se ha encontrado un test que diagnostique específicamente la EM.
  • La prueba de ejercicio cardiopulmonar de dos días, la prueba de la mesa inclinada (mide como la presión arterial y la frecuencia cardíaca responden a la gravedad al estar tumbados sobre una mesa inclinada) y test de células asesinas naturales (que muestran una citotoxicidad reducida en pacientes con EM), han sido utilizados para indicar la presencia de la enfermedad.
  • La disfunción cognitiva está bien documentada como deterioro neurológico en pacientes con EM. Un estudio realizó tomografías por emisión de positrones PET en pacientes con EM y encontró que el deterioro cognitivo en los pacientes con EM correlacionaba con áreas del cerebro como la amígdala, el tálamo y el mesencéfalo.
  • La mayoría de los estudios sobre EM están hechos por muestras pequeñas debido a la falta de financiación.
  • El informe de 2015 del Instituto de Medicina analizó alrededor de 9.000 estudios sobre EM y es una buena fuente de una revisión comprensiva de la literatura sobre la EM.

Los investigadores de la Universidad de Stanford, financiados por la OMF para trabajar sobre EM, solicitaron una subvención al NIH pero no la consiguieron. Por ello los directores de la OMF decidieron financiar otro centro de investigación sobre EM/SFC en esta universidad, empezando con una subvención de 1,2 millones y continuando mientras la OMF siguiera recaudando fondos. Más de 20 científicos formaran parte de este centro junto a un grupo de más de 30 científicos procedentes de las universidades más importantes  de USA y a nivel internacional, que no están subvencionados por la OMF.

El centro de investigación EM de Stanford está dirigido por Ronald W. Davis, director del consejo asesor científico de la OMF y del Centro Tecnológico del Genoma de Stanford. El hijo de Davis es un caso de EM severo; no puede salir de su habitación, comer o incluso hablar. Davis ha estudiado metales pesados y virus en pacientes con EM, ha coordinado un gran estudio en pacientes gravemente enfermos, un subgrupo nunca antes estudiado, que analiza secuencias del genoma, proteínas, metabolitos, pequeñas moléculas de ARN y más. Los pacientes gravemente enfermos son aquellos que están confinados en sus casas o confinados en sus camas, como el hijo de Davis, que carece de la energía incluso para mirar a las personas. Davis espera que su investigación actual y futura ayude a establecer una base de datos grande y abierta donde los investigadores puedan poner nuevos datos para usarlos de manera conjunta.

“La gente piensa que necesitan crear sus propias bases de datos y guardárselas para ellos mismos, pero esto es costoso”, dijo Davis. “El paso limitante entre la publicación y la realización de la investigación sobre el EM es la financiación. Ojalá tuviéramos mucho más dinero para darles a todos y que esto fuera mucho más rápido”.

Lizzie aparece en esta foto junto a su tutora, Judith Meyer. Aunque está por encima del nivel de su edad en matemáticas y lectura, solo puede realizar 45 minutos al día de trabajo tutorizado debido a la severidad de su enfermedad.

El NIH era reacio a financiar sus estudios de observación iniciales sobre la EM, dijo Davis. Pero la observación es necesaria antes de establecer hipótesis y futuras líneas de investigación, dijo, especialmente cuando se ha realizado tan escasa observación en la EM. Él espera que con los datos que se publicarán próximamente nuevos investigadores comiencen estudios en este campo sin realizar costosas y extensas búsquedas de antecedentes.

José Montoya, un médico de EM y un profesor de medicina en Stanford, publicó un artículo de investigación en 2017 en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias en el cual se analizaba a un número inusualmente alto de pacientes con EM y un grupo control en comparación con estudios anteriores: se analizaron las diferencias a nivel de citocinas entre el suero de 192 pacientes y 392 controles sanos. Las células inmunes secretaban citocinas o moléculas de señalización celular que desempeñaban un papel en la inflamación. Los síntomas característicos similares a la gripe y el dolor muscular llevaron a los investigadores a creer que la EM podría ser un trastorno inflamatorio.

Montoya y su equipo encontraron que dos citocinas eran significativamente diferentes en pacientes con EM y en pacientes sanos. TGF-beta, que se encuentra comúnmente en los monocitos y macrófagos del sistema inmune, así como las células epiteliales intestinales, se ve como una citocina antiinflamatoria. Los niveles de TGF-beta son mayores en pacientes con EM. Se ha demostrado que el Resistin, producido principalmente por células mononucleares de sangre periférica, aumenta la transcripción de genes proinflamatorios y tiene niveles más bajos en pacientes con EM grave, pero mayores en pacientes con EM moderada. En total, el estudio de Montoya encontró 17 citoquinas, 13 de las cuales son proinflamatorias, que tenían una tendencia lineal ascendente cuando se las contextualizaba con la gravedad de la EM. En otras palabras, los niveles de estas citoquinas fueron más altos en pacientes que tenían síntomas más severos. El estudio también cita resistina y otra adipoquina, leptina, como citocinas secretadas por el tejido adiposo que podrían ser importantes. Se ha encontrado también que la leptina se correlaciona con la gravedad de la fatiga y los niveles son más altos en las mujeres. Las adipocinas contribuyen a la interferencia entre el sistema nervioso central y el tejido adiposo y podrían contribuir a la neuroinflamación y la disfunción cognitiva en los pacientes con EM. En ratones, la leptina ha demostrado un reclutamiento de neutrófilos en el cerebro durante la sepsis, provocada por la administración de lipopolisacáridos.

El nuevo centro financiado por la OMF en Stanford tendrá tres proyectos principales:

  • El primero explorará la base inmunológica de la EM a través del análisis de las células T, las células inmunes humanas que matan a sus propias infectadas. La EM puede afectar la replicación y el comportamiento de las células T. Este estudio también investigará la forma en que las variaciones personales en los genes antígenos de los leucocitos humanos regulan la inmunidad en pacientes con EM. Estos genes codifican el principal complejo de histocompatibilidad, las proteínas de la superficie celular que regulan nuestro sistema inmunológico.
  • El segundo expandirá el actual estudio big data del genoma de la  OMF, añadiendo pacientes de diferentes grados de gravedad y sus familias, realizando pruebas clínicas y moleculares que podrían proporcionar información sobre factores genéticos y biomarcadores moleculares de EM. En este momento, tienen datos de 20 pacientes con EM.
  • El tercero trabajara para hallar un diagnostico que nos permita distinguir las muestras de sangre de pacientes con EM de las sanas usando nuevas tecnologías desarrolladas por la universidad de Stanford. La tecnología también se usara para probar los medicamentos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) que serán considerados para ensayos clínicos en pacientes con EM.
Si preguntaras a Lizzie que haría si no estuviera enferma te diría un millón de cosas, empezando por volver al colegio. Aquí, ella y su padre, Don Mooney, comparten unas risas mientras estudian un mapa en la pared de su habitación

“Necesitamos que los investigadores compartan abiertamente sus resultados y que colaboren y examinen la EM/SFC a través de los distintos sistemas del cuerpo, la genética, enfermedades infecciosas, inmunología, metabolómica, microbioma y mas”, dijo Tannenbaum. “La necesidad urgente no es solo la investigación sino que la comunidad médica tome conciencia y la formación de los nuevos médicos para poder identificar y reconocer esta enfermedad”

LEJOS DEL TRATAMIENTO

Mary Dimmock, una veterana de 31 años en la industria farmacéutica, ahora retirada, señala un obstáculo significativo para encontrar un tratamiento para el EM: “Las farmacéuticas se han mantenido alejadas de esta enfermedad”.

Durante su tiempo trabajando para compañías farmacéuticas, Dimmock hizo de todo desde estudios de metabolismo de fármacos, gestión de datos clínicos hasta iniciativas para mejorar procesos empresariales. Ella vio lo que se toma en consideración en las empresas farmaceúticas para decidir si se debe financiar o no un proyecto de investigación. Antes de incluso pensar en invertir en un tratamiento o fármaco debe haber una gran cantidad de pacientes potenciales para ensayos clínicos, dijo Dimmock. Para conseguir pacientes para un ensayo clínico, éstos deben ser diagnosticados. Pero con la EM, de acuerdo a estadísticas del 2015 del Instituto de Medicina, más del 91% de los pacientes no han sido diagnosticados.

La EM tiene cifras para apoyar un gran mercado. “Uno podría pensar que esto sería una maniobra perfecta para la industria farmacéutica”, dijo Dimmock. “Pero no tenemos un acuerdo sobre una definición de investigación de la enfermedad, no tenemos médicos que traten pacientes y no tenemos suficientes investigadores académicos”.

Como alguien que ha visto lo que se necesita para pasar de la investigación a un tratamiento clínico comercializable, Dimmock dijo que cree que el NIH ha tomado medidas fundamentales para atraer a más investigadores y promover la colaboración. Ella también se siente alentada por el trabajo de los diferentes centros, particularmente el enfoque de Hanson en la comprensión de la patología de la enfermedad después de los estudios sobre el ejercicio.

El hijo de Dimmock tiene EM y ella pagó 65,000 dólares de su bolsillo en el primer año después de su diagnóstico. Finalmente pudo utilizar la prueba de ejercicio de dos días como una forma de demostrar su discapacidad.

Pero la preocupación de Dimmock, Solomon, Mooney y Johnson es la falta de urgencia del NIH tanto como para resolver el estigma que representa la EM como para aumentar realmente los fondos de investigación. “Debido a que están dando uno o dos pasos pequeños a la vez, tardaremos mas de una década para llegar ahí”, dijo Dimmock”.

Breen en el NIH es consciente de que el proceso de toma de decisiones puede tomar tiempo y puede ser poco claro. Todas las peticiones de investigación realizadas al NIHdeben pasar una rigurosa revisión por expertos en ese campo, tanto grupos de revisión científica como por el consejo asesor del instituto. “Esto normalmente toma alrededor de seis meses desde que se envía la petición”, dijo Breen.

“La parte más difícil para los pacientes es que el plazo desde la investigación hasta la prueba diagnóstica o terapéutica nunca es aceptable porque ahora hay personas sufriendo ahora”, dijo. “Parece muy ineficiente, pero tenemos un campo abierto, por ello necesitamos hacer más estudios básicos para diagnósticos y terapias futuras”.

Davis, de Stanford, dijo que la comprensión y la urgencia de la financiación para esta enfermedad son bajas porque simplemente no vemos pacientes con EM.  Están en sus camas o al menos en casa ya que los viajes al hospital los empeoran y por tanto no van. Y aunque la mayoría de los pacientes no se están muriendo de EM, tampoco están viviendo realmente.

“Entiendo la situación del NIH, pero quiero que asuman la responsabilidad de esto”, dijo Davis. “Sé que es duro puesto que hay muchas enfermedades y probablemente no tengan suficientes fondos, pero el NIH necesita servir a la gente de este país y de ahí viene el dinero, de la gente”.

Johnson es menos indulgente. Ella recuerda la EM como una crisis de salud pública. “En 10 años, es probable que la mayoría de las personas que contrajeron la enfermedad en la década de 1980 hayan muerto. La memoria compartida de una epidemia que comenzó en la década de 1980 será olvidada, y es posible que el gobierno nunca tenga que abordar los fallos que ha cometido en las últimas décadas”.

Los avances, aunque pequeños, están siendo hechos por los investigadores que ahora reconocen el papel del microbioma, los sistemas inmunitario y nervioso y el metabolismo. El número de investigadores en EM está creciendo, incluso con fondos limitados.

Con al menos de 17 a 20 millones de pacientes estimados en todo el mundo, un investigador que entra en este campo ahora podría “dejar huella con un mínimo esfuerzo”, dijo Solomon. Dimmock estaba de acuerdo. “Si bien aprecio el riesgo desde una perspectiva farmacéutica, es el momento oportuno para que los académicos se interesen en la EM”, dijo. “Es un misterio biológico fascinante”.

“Aquí está tu oportunidad”, les dice Davis a sus estudiantes en Stanford.

Febrero marcó el tercer año de la enfermedad de Lizzie. Ella espera que los misterios de la EM se resuelvan pronto, para poder cambiar sus pijamas por vaqueros y zapatillas de deporte, salir de su habitación y volver a la escuela.

ABOGANDO POR SUS VIDAS

Mientras los investigadores financiados por el NIH federal y la OMF privada se embarcan en estudios pagados por nuevas subvenciones, los pacientes y defensores continúan presionando para hacer que la encefalomielitis miálgica sea más visible.

Pasaron meses organizando docenas de mítines en todo el mundo en 2016 y 2017, con la esperanza de crear conciencia sobre el EM. Amy Mooney usó un megáfono en el centro de Chicago como parte de esa campaña #MillionsMissing, que mostró un par de zapatos por cada persona que padece de EM y que estaban demasiado enfermas para asistir en persona. El suelo era un mar de zapatos que ya no usaban sus propietarios y se está organizando otro mitin para este mes de mayo.

Las manifestaciones para crear conciencia sobre ME se llevaron a cabo en ciudades de todo el mundo en mayo de 2017. Se usaron zapatos para simbolizar a los pacientes que estaban demasiado enfermos como para abandonar sus camas y unirse a la acción. Esta foto fue tomada en Birmingham, Inglaterra.

El documental de 2017 “Unrest” narra la vida de Jennifer Brea, una paciente con EM que también es productora de la película. Ha ganado o ha sido nominado a más de una docena de premios y recientemente se emitió en PBS. Rivka Solomon organizó una proyección de “Unrest” en noviembre que atrajo a una audiencia de 363 personas -aproximadamente 100 eran profesionales de la salud de Bosto-, y fue la proyección comunitaria más grande de la película hasta la fecha. Este evento obtuvo una declaración de apoyo para los pacientes con EM de toda la delegación del Congreso de Massachusetts.

“En solo el último medio año, la película” Unrest “está cambiando el panorama para nosotros”, dijo Solomon. “Pero antes de eso, diría que no hemos visto ningún avance significativo en 30 años”. Ella lo sabría; puesto que ha estado enferma durante 28 años.

Solomon también encontró un representante en el senador Ed Markey, un demócrata de Massachusetts, que sostuvo una sesión informativa en el Congreso sobre el EM en el Capitolio en mayo de 2017. En Illinois, Amy Mooney trabajó para aprobar una proclamación en la Cámara de Representantes del estado, afirmando el compromiso del estado de mejorar la calidad de la atención para los pacientes con EM. La Cámara alentó a los medios a cubrir la enfermedad y a las universidades de Illinois a estudiar la EM, recomendando que los NIH proporcionen financiación de manera proporcional y que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades difundieran la información adecuada. Mooney también organizó una proyección de “Unrest” en el suburbio de Chicago donde vive.

“No nos están prometiendo dinero ni nada en este momento”, dijo Mooney, “pero queremos que las universidades digan: ‘Oh, esto es real’, y sea algo a lo que respondan e investigen”. Mooney solía trabajar, pero ahora su trabajo a tiempo completo es abogar en nombre de su hija de 12 años.

La periodista Hillary Johnson continúa informando en su sitio web.

“En general, cada vez que hago algo por la causa de la EM, pago un precio”, dijo Solomon. “A menudo termino mucho más enferma que antes, y nunca sé cuánto tiempo durará la recaída. Es bastante aterrador que abogar por tu propia vida pueda causar un retroceso tan perjudicial en tu salud. Yo llamo a esto nuestro dilema fundamental”.

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